jueves 3 de diciembre de 2009

HOTEL DE PARIS... Por fin a solas.

Tanto tú como yo nos percatamos de su presencia, pero, lejos de desistir de nuestra acción, todavía la incrementamos aún más excitados al sentirnos observados, pues tú alcanzaste con una de tus manos mi teta derecha, a la par que introducías un par de dedos de tu otra mano en mi ano, en un mete y saca que me hacía vibrar de placer y así, con mi culo follado por tus dedos y mi coño deshaciéndose como almíbar entre tus labios y tu lengua, fue como empecé a correrme con gemidos y grititos entrecortados y así estuve un buen rato hasta casi desvanecerme del mareo que todo aquel goce y aquella tremenda excitación me habían provocado.
Cuando dejé de gemir, exhausta, te levantaste y me sujetaste de nuevo por la cintura y avanzamos hacia la habitación. Yo miré hacia atrás, el chico todavía seguía allí parado en el pasillo, nos miraba estupefacto, como sin acabar de creérselo todavía y, pese a mi estado, pude ver cómo abultaba su pantalón, tenía una gran erección aunque no llegase ni a aproximarse a la tuya, que ya te hacía reventar la bragueta, y entonces me percaté del inmenso placer que me habías dado, pero que tú aún necesitabas aliviarte y recobré fuerzas para ello.
Apenas abriste la puerta del dormitorio y la cerraste tras nosotros, me dispuse a hacerte disfrutar como te merecías. Y el ardor de una loba en celo volvió a apoderarse de mí…
No bien hubiste cerrado la puerta de nuestra habitación y te abalanzaste sobre mí aplastándome contra ella, me besabas como un animal hambriento, con las fauces abiertas, comiéndome la boca, el cuello, bajando a devorar mis pezones y clavando tus dientes en ellos.
Me producías una sensación indescriptible y fascinante, mezcla del placer y dolor que una sumisa como yo agradece profundamente de su amo y señor.
Embargada por un deseo sin igual y con pulso trémulo, desabroché como pude tu cinturón y abrí la bragueta de tu pantalón para liberar aquella maravilla de la naturaleza que guardabas aprisionada bajo la tela. Tu poderoso miembro surgió ante mí como el más majestuoso de los obeliscos: erguido y orgulloso de su dureza y de sus extraordinarias dimensiones. Recuerdo que me despegué de la puerta y caí literalmente de rodillas ante ti mientras exclamaba: “¡qué grande, qué grande…oh, es enorme!” Y una sonrisa maliciosa se dibujó en mi cara mientras mis manos procedían a acariciarlo.

miércoles 2 de diciembre de 2009

HOTEL DE PARIS... El ascensor.

Así, de esa guisa y subida sobre unos altísimos tacones de aguja, con la larga cabellera suelta, perfumada, pero sin maquillaje, como a ti te gusta, llegué al ascensor, con tus manos aferradas a mi talle y a mis caderas y allí comencé a comerte la boca con frenesí, y a besarte el cuello y a mordisquearte las orejas y tú respondías cada vez más y más excitado, de tal manera que me subiste la camiseta hasta descubrir mis tetas, y las manoseabas con fuerza, ora pellizcando y tirando de los pezones, ora chupándolos y mordiéndolos hasta hacerme gemir del dolor y placer que con ello me provocabas.
Y yo toqueteaba con descaro tus genitales a través del pantalón, notando cómo aumentaba y crecía tu erección, mientras que tú también hacías lo propio con mi entrepierna, aunque no te conformaste sólo con eso y bajaste la cremallera para encontrarte con mi sexo desnudo y lampiño, pues tampoco llevaba debajo ropa interior alguna.
Con la prisa que imprime la pasión, recorriste mi coño con tus dedos, hundiéndolos en mi raja húmeda y cálida, estimulando mi clítoris y metiéndolos y sacándolos de mi vagina mientras yo jadeaba de tan cachonda que estaba. Y me decías una y otra vez: “así, así rasuradito es como me gusta tu coñito, mi amor, así, así…”.
En esto, el ascensor se detuvo cuando llegó a la sexta planta y sus puertas se abrieron. Un hombre de mediana edad, con aspecto de ejecutivo, lo estaba esperando y se quedó atónito ante el espectáculo que mostrábamos. Salimos como pudimos, yo dando algunos tumbos, pues el pantalón bajado hasta medio muslo me impedía caminar con soltura, pero no por ello nos inhibimos, caminábamos agarrados como pulpos, tocándonoslo todo y con las bocas lujuriosas besándonos y lamiéndonos por todas partes y soltando risotadas por doquier.
Recuerdo, que antes de llegar a nuestra habitación, te paraste en medio del pasillo, te agachaste ante mí y abriendo con tus manos los labios de mi sexo, empezaste a comérmelo con fruición y sin mesura, y estábamos así, yo de pie ante ti, enseñando las descomunales tetas, con las piernas abiertas y tú, acuclillado y deleitándote en chupar mi coño a la par que me sumías en un goce maravilloso, cuando otro huésped se presentó ante nosotros: era un chico joven que abría los ojos como platos.

martes 1 de diciembre de 2009

HOTEL DE PARIS... La recepción.

Crucé la recepción del hotel abrazada a ti y acaparando las miradas de cuantos allí se encontraban.
Se sorprendían al verme bambolear mis enormes y rotundos pechos sueltos, sin atadura ni sostén alguno, bajo aquella camiseta de lycra tan ceñida y semitransparente que marcaba mis apuntados pezones al tiempo que dejaba entrever su negrura.
Siempre me he enorgullecido de mis pechos, desproporcionadamente grandes para mi cuerpo menudo y delgado y además naturales, sin retoque alguno. También me gusta presumir de pezones: oscuros como la noche y enhiestos como los pitones de un Miura.
Hasta la fecha, con sólo mostrar estos encantos ningún hombre, ninguno, ha podido resistirse a mí cuando yo me insinuaba. Y a ti estoy segura de que también mis senos te cautivaron, pues nada más percatarte de cómo me miraban los demás, me susurraste al oído: “mírales, no le quitan ojo a tus preciosas peras y es que vas vestida como la más deliciosa de las putitas, cielo”, a lo cual yo respondí con una sonora carcajada.
Claro que tampoco le quitaban el ojo a mi cintura, que aparecía desnuda mostrando el ombligo, pues la camiseta no sólo transparentaba lo suyo, si no que también era tan cortita que apenas llegaba a la altura del estómago y los vaqueros, ajustadísimos, eran de esos de talle tan bajo que ni siquiera cubrían por entero las ingles, tapando justo el Monte de Venus y dejando al descubierto todo el bajo vientre y por detrás, la parte superior de las nalgas y algo de la rajita que hay entre ellas.

lunes 30 de noviembre de 2009

UN BUEN DESAYUNO... --Fin--

Saqué mi pene de dentro de ti para terminar, tú te giraste y me pediste disculpas, aunque pude comprobar como mi cuerpo no me respondía y estaba bañado en sudor como nunca en la vida…
Me quite el preservativo mientras nos seguíamos besando. Tú muy pícara me preguntaste cómo me sentía, pero no podía contestarte, mi cuerpo se estaba desacostumbrando a la excitación que había sentido en ese momento...
Mi pene tardó tiempo en volver a estar flácido y no te miento, me gustaría que hubiésemos seguido…
Lo que se siente al hacerte mía es una pregunta difícil. Se siente una sensación de placer y un sentimiento de satisfacción como nunca lo he sentido, estoy muy alegre de haberlo hecho contigo, para mi significa mucho y espero que para ti también…
Aunque no tuvieras leche condensada para el café...

domingo 29 de noviembre de 2009

UN BUEN DESAYUNO... Entrando a matar.

En la ultima ocasión que te giré hacia mi antes de penetrarte, puse la punta de mi miembro en tu entrada y empujé un poco, ahí fue donde no lo soportaste mas, te giraste, me miraste a los ojos con esa mirada mezcla de lujuria y deseo, y me preguntaste por los condones…
Rápidamente te respondí dónde los tenía y me pediste que fuera por ellos, así que rápidamente estiré mi brazo y cogí uno, abrí la bolsa muy nervioso y lo saqué, me acomodaste el preservativo, me lo pusiste con algo de dificultad pero una vez que lo tuve puesto te giraste y esperaste mi embestida, pero antes me pediste que no terminara dentro de ti…
Comencé de manera torpe a introducir mi miembro en ti, tu estrechez envolvió mi falo como nunca lo habría imaginado, la sensación que sentí fue un placer fenomenal, no solo era mi primera vez contigo, si no que lo hacía con la mujer que mas he deseado en el mundo…
Me agaché para tocar tus tetas mientras escuchaba tus gemidos y te pedía que bajaras la voz, comenzamos a tomar el ritmo como tu me lo marcabas, no lo podía creer por fin hacíamos el amor, guiaste mi mano a tu cadera, y sin saber por qué, después me confesaste que te gustaba que te sujetaran fuertemente, en varias ocasiones llevé yo el ritmo y en otras tu lo marcabas…
En dos ocasiones sentí que no aguantaría más pero me detenía para no correrme tan pronto y para sentir tu cuerpo siendo invadido por el mío, por fin encontramos un ritmo y mi excitación ya no pude soportarla...

sábado 28 de noviembre de 2009

UN BUEN DESAYUNO... Entrando en materia.

Bajaste todo tu pantalón mientras que yo liberé mi pene, lo tomaste con tus dos manos y comenzaste a masturbarme, yo hice lo mismo introducía mis dedos en tu ya húmeda cavidad…
La forma en que tomabas mis testículos y acariciabas mi pene hacía que mi excitación subiera a cada segundo, yo te besaba mientras tu hacías esos movimientos que sabes que me enloquecen de placer…
Comencé a introducir mi dedo corazón en ti, y tu cuerpo reaccionaba a cada caricia mía, te giré en varias ocasiones para poner mi pene entre tus nalgas y así masturbarme, ahí me acerqué por primera vez a tu oído y te hice saber mi deseo de hacerte mía…
Una negativa salió de tu boca y continuamos con nuestra danza de pasión, estando tú de espaldas comencé a masturbarte con más libertad y logre meter dos de mis dedos en tu cavidad…
Tu cuerpo se estaba estremeciendo de placer, con tu mano buscaste mi pene y lo comenzaste a masajear, te giré nuevamente y comenzamos a besarnos, cada uno tenia sus manos en el sexo del otro…
Bajé mi boca a tus tetas y las comencé a lamer y a chupar tus pezones, y con mis manos llevaba tus jugos para mojar tus pezones y bañarlos para después lamerlos, intente saborear tu intimidad directamente pero no me lo permitiste…
Recordando bien, solo te pedí una vez hacer el amor, la segunda vez te pedí que me lamieras mi pene, tu no quisiste en ese momento, así que regresamos a lo que estábamos haciendo…

viernes 27 de noviembre de 2009

Alcanzar las estrellas... II

Fue así como me sentaste en el borde de la cama a tu lado y, mientras me besabas apasionadamente en la boca, yo aún con las tetas, bien tiesas, orlando mi escote y las piernas sobre la cama, comenzaste a meterme mano levantando mi falda. Me tocabas dulcemente las nalgas desnudas, puesto que, como ya he dicho, no llevaba ropa interior alguna más que las medias, y te detenías a acariciar una y otra vez la nalga derecha en las proximidades anales, pero no terminabas nunca por llevar tu deseada mano hacia esa zona o hacia la próxima raja de mi sexo, que rezumaba ya lubricación de puro deseo encendido. Siempre están con eso de que las mujeres necesitamos preliminares, pero yo lo que quería, lo que ansiaba, era que acariciases de una vez la raja de mi culo y de mi coño y que introdujeras tus dedos en mi ano o en mi vagina dulcemente perfumada por la humedad que de ella brotaba con profusión. Tenía el clítoris erecto y duro como la pepita de un melocotón, esperando que me lo refrotases con tus dedos, que me pajearas salvajemente antes de que me lo comieras, (otra cosa que no dejaba de desear). Toda yo eran ganas irrefrenables de ser tocada, manoseada y masajeada, chupada, mordida y follada…
¡Qué ganas tenía, madre mía, qué ganas! Que ahora hasta me sorprendo de lo cachonda que estaba, como una perra en celo, de lo mojada y ansiosa porque me lo metieras todo dentro, hasta que me reventases de placer con ese pedazo de polla que tienes…¡ay!
Y tú nada, impasible, acariciando suavemente mi nalga y yo con unas ganas locas de ser penetrada por lo que fuese, tus dedos, tu polla, tu lengua o cualquier otra cosa, incluso me apetecía que me introdujeses objetos inanimados, tal era mi calentura y el nivel que había alcanzado mi libido ante tu sola presencia. Y vas y me espetas: “tranquila, mi vida, que esto es amor y no sexo”. Increíble, un macho brioso como tú, que te has cepillado decenas de hembras de lo más buenorras… y vas y refrenas mis más bajos instintos… Pero sí, mi cielo, he de reconocer que lo nuestro era y es amor, pero no por ello exento de un deseo sexual furibundo, de esos que queman cuando no se les apaga de un manguerazo bien dado…
Y así seguimos un rato, tú acariciando y yo aguantándome las ganas de desabrocharte el pantalón y meterme tu polla de lleno en la boca y empezar a mamártela como si estuviese más hambrienta que una náufraga, pero allá que me contuve por quedar bien y no desentonar en aquella nuestra primera cita. Ahora, eso sí, cuando ya me quitaste el vestido y me viste completamente desnuda, el que ya no pudo resistirse fuiste tú y me metiste dos dedos en mis partes, uno en el coño y el otro en el culo, los dos a la vez y comenzaste a meterlos y a sacarlos y a follarme con ellos y tras eso ya vino comerme el chocho de aquella manera como nunca me habían comido: de arriba abajo y después en circulitos y después succionando el clítoris hasta fundirse en tu boca y…y todo fue una completa locura hasta que me empalaste con esa verga de tamaño descomunal que sólo tú posees y eso, eso y las embestidas bestiales de las que fui objeto, me hicieron alcanzar de una vez por todas, las estrellas…
Gracias por tan tremenda corrida, amor mío, nunca experimenté con ninguno de mis anteriores amantes orgasmos tan intensos. Como contigo, con nadie, con nadie, eres el mejor amante que nunca he tenido, el mejor, sin posible comparación. Sólo me pone triste saberte ausente, mi cariñito…

jueves 26 de noviembre de 2009

Alcanzar las estrellas... I

Ahora que no estás, ahora que tanto te añoro y echo de menos, ahora que las horas se tornan lentas en su devenir porque tu ausencia las ralentiza sobremanera… Ahora recuerdo con pasión aquel nuestro primer encuentro y mi sexo arde sólo con rememorar tan hermosos y cálidos momentos. No puedo por más que llevar mi mano hasta mi entrepierna y hundir mis dedos en esa raja oscura y húmeda y acariciarme hasta que el placer se irradie dentro de mí como se irradiaba cuando tú estabas ocupándome, tomando mi coño y todo mi cuerpo, con ese ansia infinita que te devoraba, que me devoraba…
Recuerdo que aquel día llevaba ese vestido negro tan ceñido y profundamente escotado en uve, que tanto te gusta, el que deja entrever la redondez y el buen tamaño de mis pechos y ese canalillo que tú gustabas de tomar también con la calidez de tu verga poderosa, embadurnándolo con tu leche caliente cuando ésta fluía sin parar tras haberte masturbado en él y con la que untabas todos mis senos, frotándolos una y otra vez en torno a los erectos pezones…
Recuerdo también que bajo el vestido no llevaba nada, ni sujetador, ni bragas o tanga, nada, tan sólo unas medias negras muy transparentes, de esas que se rematan en una liga elástica de blonda y calzaba unos zapatos, también negros, de tacón vertiginoso, que siempre te han encantado las piernas estilizadas por un buen tacón, que aduces que además, el taconazo respinga el culito, así de fetichista es mi niño…
Y bueno, esa tarde llegamos a nuestro furtivo lecho, yo ataviada de esa guisa y tú en plan más informal y deportivo. Apenas me quitaste el abrigo, sentiste mis tetas moverse libres de ataduras bajo la liviana tela del vestido y posaste sobre ellas tus fuertes manos, no pudiendo por menos que sacarlas fuera del escote para magrearlas bien y, tras pellizcar duramente mis pezones, llevarlos a tu boca, chuparlos con ganas y después morderlos hasta hacerme gritar de ese dolor que me somete a ti como a la esclava sumisa que soy. Antes de proseguir, me tomaste por la melena y en un gesto adusto, tirándome ligeramente del pelo, me obligaste a besarte en la boca y mordías mis labios como un lobo en celo, henchido de la pasión por una hembra nueva, aún sin catar, un nuevo trofeo que añadir a tu colección de cazador, y todo cuanto descubrías en mí te provocaba una mayor excitación y deseo. Notaba cómo abultaba tu pantalón hasta estallar, ante la presión de tu tremenda erección…

miércoles 25 de noviembre de 2009

UN BUEN DESAYUNO... Los preliminares.

Me pediste que me girara hacia el otro lado de la cama mientras te deshacías de esta prenda…
Al verte sin ella me levanté y cerré la puerta, al volver a la cama tú estabas de pie buscando una nueva música que poner. Me encanta verte desnuda por arriba y con vaqueros, estás de lo más sensual, y mas si me dabas la espalda, así que me acerqué a ti, te abracé por detrás y pegue mi polla a tu culo y mis manos las lleve a tus tetas, ahora desnudas…
Te giraste lentamente y tus labios fueron directos a mi boca, mis manos comenzaron a acariciar tu cuerpo, te pregunté si deseabas acostarte en la cama otra vez, pero preferiste seguir de pie, desabrochaste tu pantalón y dejaste al descubierto un hermoso y sugerente Monte de Venus, mis labios se fueron hacia tus pezones y cuando estuvieron húmedos y excitados, mis manos comenzaron a jugar con tus ya erectos pezones…
Una de mis manos bajó a tu culo mientras nos seguíamos besando muy apasionadamente, nuestros cuerpos estaban ya unidos y nos frotábamos nuestras sexualidades, pero pronto decidimos entrar en nuestro refugio, aquel que si hablara diría como nos amamos en varias ocasiones sin limitaciones…
Ahí fui directo a tus tetas mientras me acariciabas el cabello, pronto regresé a tu boca y nos unimos a un apasionado beso, te di la vuelta y comencé a besar tu cuello mientras rozaba mi polla con los cachetes de tu culo…
Comenzaste a acariciar mi polla por encima de mi ropa mientras que mis manos se fueron a tu entrepierna, ya tenias tu cierre suelto, así que bajé tu pantalón y rocé tu pubis que ya estaba húmedo, mis dedos llegaron hasta tu clítoris, el que al tocarlo hizo que tus gemidos comenzaran a salir de tu boca…

martes 24 de noviembre de 2009

UN BUEN DESAYUNO... La llegada.

Ese sábado parecía que sería como todos los demás, desde por la mañana sentía deseos de verte, muchas ganas de verte, así que no lo pensé mas y cuando eran las ocho y cuarto de aquel sábado me pasé por tu casa…
Llamé a tu puerta y tres minutos después, apareciste frente a mi, con un pijama gracioso de hipopótamos y restregándote los ojos con las manos…
Te di los buenos días y te pedí que me invitaras a un café, a lo que un poco malhumorada me respondiste que no podría ser pues no tenías café, por lo que opté por invitarte yo a ese café que te despejara y te despertara en mi casa. Aceptaste, pero no sin antes decirme que te permitiera descansar un poco, pues hacía solo cuatro horas que te habías acostado, ya que cenaste con unas compañeras de trabajo y después… ya se sabe…
Así que te enfundaste unos vaqueros, te pusiste una camiseta, unos calcetines blancos, tobilleros y unas zapatillas de deporte, nos subimos en mi coche y nos dirigimos a mi casa…
Al llegar te faltó tiempo para desplomarte sobre mi cama. Tenías sueño, pero como no habíamos desayunado todavía, fuimos a la cocina para preparar algo de desayunar, al terminar te volviste a acostar, yo te dije que me quedaría en el dormitorio viendo el correo en el ordenador, pero ante la visión de ti acostada sobre la cama no pude resistirme y como en otras ocasiones me senté a tu lado…
Incluso completamente vestida con esos vaqueros y esa camiseta de tirantes finos de color violeta, una vez que estuviste acostada boca abajo te ofrecí un masaje, asintiendo tú con un sonido, así que comencé, aunque duró muy poco…
Comencé a acariciar tu cuerpo por encima de la ropa, tú me dijiste que me aprovechara ya que estábamos solos, mis manos iban desde tus piernas hasta tu cuello, pasando por tu culo, tu espalda y el lateral de tus tetillas…
Mis manos se deslizaban por tu entrepierna y cada vez que eso ocurría, tú subías un poco tu culo denotando que te gustaba lo que sentías, acomodaste tu cuerpo para que pudiera acariciar tus tetas pero éstas aun estaban atrapadas por tu sujetador...

En TRES DIAS con NICOLE, casi 800 fotos... ¡Casi Na!